3.9.11

“Le déjeuner des canotiers” o en buena compañía.

"Le dejeuner des canotiers" (1881) Pierre-Auguste Renoir


  Amanecí parlanchina y dulcera. De hecho, si revisan mi TL* de hoy, Sábado 03 de Septiembre del 2011, encontraran que, desde las seis de la mañana, he estado conversando con Raimundo y todo el mundo sobre los temas más diversos: nuestros nombres y apodos, desayunos, mis ganas de ir al cine, etc. 

   Sin embargo, a media mañana, una lectura me sorprendió por su capacidad para hacerme a reflexionar sobre mi país y cambió el rumbo y el tono de mi conversación. Leía el capitulo sobre “Le déjeuner des canotiers” de Auguste Renoir en uno de mis libros favoritos, “Los secretos de las obras de arte”*. Estaba fascinada por la contextualización del momento histórico y los personajes que Renoir decidió representar. Resulta que en ella aparecen el dueño del restaurant “La Fournaise” (quien con frecuencia le perdonaba las cuentas a Renoir y sus amigos pintores), el coleccionista de cuadros impresionistas y fundador de la Gazette des Beaux-Arts, remadores profesionales y otros personajes típicos de los fines de semana campestres en las afueras de Paris (circa 1881). 

   En medio de esa fascinación, la frase "las pésimas condiciones de vivienda permitieron a Francia desarrollar una cultura floreciente en cafés, restaurantes y bares" detuvo en seco mi lectura y me puso a comentar sobre las condiciones culturales y sociales que hacen que en mi país sea tan difícil -y riesgoso- hacer vida ciudadana en la calle, sentarse tranquilamente en una plaza, tener cafés con terrazas, comprar vivienda en el centro de la ciudad, etc. Un sin fin de ideas y comentarios de mis followers* que, lejos de llenarme de melancolía, avivaron mi amor por Venezuela. “Amanecí hablando mucho, lo sé. Es que tengo mucho que decir porque estoy repleta de esperanza por este país.”, escribí. Y es que el arte mueve muchas cosas en mí. 

   Cerré esa conversa en Twitter diciendo: “No hablo de política porque esa no es mi área de competencia. Estoy convencida de que si nos enfocamos en lo que nos apasiona y en lo que somos buenos, no hay quien detenga el despertar y el progreso de mi país. Muchos se han ido pero quedamos montones de talentosos, valientes y honestos. Como tú y yo. ¿Quién se anota?” y me quedé con la imagen de Renoir rodeado de amigos, personas interesantes, compartiendo su amor por el arte, el deporte y la buena vida. También pensé en mí y en cómo últimamente he estado descubriendo y conectándome con otras personas y organizaciones que creen en el poder transformador del arte y lo hacen su misión de vida. 

   Primero, conocí a los chicos de Plastilinarte y La Rana Encantada, quienes a través del mundo de la plastilina y la lectura hacen cultura, familia y país. Gracias a ellos, descubrí la Fundación TAAP, cuya misión es llevar arte como elemento transformador y de empoderamiento a comunidades. Y finalmente, gracias a un post de Eli Bravo en Inspirulina, pude enterarme de Esperanza Venezuela, un grupo de voluntarios quienes intentan promover el respeto por la vida a través del arte. Todas iniciativas de paz. Caminando con ellas me siento como Renoir: en muy buena compañía. 

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*"Los secretos de la obras de arte" –Editorial Taschen
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